Artículos

¡Viva la crisis!

Tengo miedo. Los de la tele no paran de asustarme con los talibanes, ETA y un hombre aparentemente pacífico que decapitó a su madre. Los expertos dicen que la economía va muy mal y que para que vaya mejor hay que exterminar a dos millones de parados. Menos mal que de vez en cuando el periódico La Verdad da alguna buena noticia, como que el Real Murcia a lo mejor se salva de la suspensión de pagos y de bajar a Tercera, o que Murcia será candidata a los Juegos Paraolímpicos del Mediterráneo en el 2016. Demonios. ¿Y si me muero antes? ¡Podría perdérmelo!

 Y lo peor es que no se habla de otra cosa, con excepción del fútbol y los deportes en los que algún español sobresale. Bueno sí. Se insulta, se miente y se calumnia, pero eso ya era así antes. Lo cierto es que la cosa parece grave de verdad. El Producto Interior Bruto alemán está en negativo y el japonés ha caído un 3,3% en el último trimestre. Las empresas ya no aumentan sus beneficios un 38 por ciento, sino sólo un 7 por ciento. Y lo más pasmante: los bancos suizos UBS y Credit Suisse, segundo y tercero mayor del mundo, han tenido ¡PERDIDAS! La Unión de Bancos Suizos, UBS, ha perdido 800.000 millones de dólares en el 2008. La multinacional Sony, empresa global y sólida donde las haya, ha perdido 300.000 millones de dólares. Las compañías automovilísticas americanas se han salvado in extremis de la quiebra gracias a una avalancha de dinero público. Lo mismo que Citibank, el banco más grande del mundo, que se hubiera hundido de no ser por un rescate in extremis de 40.000 millones de dólares. Todo ello en un contexto de bajada del consumo, de la producción y de los precios del petróleo. Toda la imposición estatal sobre la actividad económica, sobre los hidrocarburos, que ha alimentado durante décadas a toda una clase parasitaria y a sus lacayos, primeros interesados en un crecimiento “sostenible” (en el sentido de ininterrumpido) de dicha bicoca, amenaza con desplomarse. “Tendremos que trabajar como los pobres”, piensan llenos de terror. Llega el pánico.

 Parece que va en serio. Los jerifartes de las finanzas ya no piden tanto que se reduzcan los salarios, se abarate el despido y se cercene el gasto público. Están perdidos. Es más, la canalla financiera está entonando una especie de “mea culpa”, atribuyendo el desastre a especuladores inescrupulosos y malos que han sido demasiado avariciosos. Lo nunca visto. Lo que pasa es que cuando la pirámide especulativa se derrumba, algunos millonarios son estafados por otros millonarios que las han visto venir antes, o que directamente han creado premeditadamente toda la situación. Díganme si no, qué significa que el fondo de inversión Carlyle, base financiera del clan Bush y sus acólitos, vendiera su división financiera en el año 2006. Dos y dos son cuatro, y a sumar, algunos no aprendieron ayer. Desde Mari Castaña se sabe que un mercado especulativo se derrumba cuando la demanda se agota. ¿Cómo no podían saberlo UBS y Credit Suisse? Ellos tenían y no usted las gráficas que mostraban que el mercado hipotecario decaería a finales del 2006.

 Se sabía que mucha gente no podría pagar la hipoteca. No era problema mientras que otra gente continuara embarcándose en una nueva hipoteca. Sólo era cuestión de darle a la máquina de fabricar billetes. Los trabajadores trabajaban, pagaban cómodamente su hipoteca, se sentían ricos. Mientras los financieros se aprovechaban de las economías de escala. Todo el mundo estaba contento. Sólo había un pequeño problema y era que a partir de los años 80, el hemisferio capitalista trasladó lo esencial de su producción industrial a Asia. El trabajo empieza a escasear. Las economías occidentales, altamente integradas, sufrieron una importante desindustrialización, la famosa “reconversión”, transformándose en economías de servicios sobre las espaldas del obrero asiático. Se intentó que China revalorizara su moneda para que una parte de la industria pudiera volver, pero los chinos decidieron que les iba muy bien produciendo mucho y barato, aunque las tres cuartas partes de su población siguiera con los pies en el agua. Y llegó la debacle.

 Pero la verdad es que yo estoy la mar de a gusto. Miren si no. El precio de la viviendo ha bajado un 8% en lo que va de año. El Euribor lo mismo, bajando las hipotecas entre mil y dos mil euros al año. Pero es que ya no me apetece comprarme un piso. La abundancia de alojamiento sin vender ha hecho que los alquileres resulten muy asequibles. Incluso te dan una subvención por alquilar. El precio de los coches de segunda mano está por los suelos. Todavía no me han echado del trabajo, pero en caso de que lo hicieran, ¿sería mi destino diferente al que ha sido hasta ahora? Además, como a los extranjeros ya no les interesa trabajar en España, ya no me bajan el sueldo. No hay nadie que quiera hacer mi trabajo por la mitad de dinero. E incluso, aunque me despidieran, lo único que tengo es mi trabajo. Toda mi vida no he hecho otra cosa que venderlo. Ya lo hice muchas veces antes de la “crisis”.

 Recordemos que en plena orgía expropiadora del patrimonio público –lo llamaban “privatización”- los beneficios bursátiles surcaban la estratosfera, mientras que los salarios disminuían de año en año. Las prestaciones en materia de sanidad, educación y desempleo menguaban a la luz del día. Las muertes en accidente laboral rebasaban los registros históricos y la alienación consumista y espectacular amenazaba con convertir a los consumidores en bocas y anos beatíficos. No amigos. El crecimiento económico no fue bueno para los proletarios. La vida de trabajo es una mierda. Todos esos años dándole el tiempo de uno, la atención mental de uno, el producto del esfuerzo de uno, a otro más listo que uno. Está mucho mejor tener un buen capital y colocarlo a derecha e izquierda buscando los mejores rendimientos. Ahora compro dólares, ahora vendo libras. Ahora compro oro, ahora vendo las Telefónicas. Ahora me meto en seis pisos en hipoteca, ahora los alquilo para que me los paguen los currelas, los estudiantes y los emigrantes. No hay duda, está mucho mejor. Sin trabajar da tiempo a hacer yoga, aprender a pintar al óleo, y visitar exposiciones de arte. En su defecto siempre puede uno tumbarse a la bartola y rascarse los sobacos, que no está nada mal tampoco.

 ¡Que no se me acuse de fanático prosoviético o amigo de Pol Pot! Que conste que yo también lo intenté. Primero invertí mi escuálidos ahorros en la bolsa. Panda de mongólicos que se gastan las perras en la lotería. Al principio gané algo hasta que lo perdí todo. Me equivoqué pensando que era más seguro que las quinielas o la ONCE. También intenté montármelo de autónomo, crear una empresa, a lo que me animaba sin cesar la propaganda oficial, hasta que comprendí que hiciera lo que hiciera, para mí siempre era la misma historia: trabajar como un bellaco para ganar un sueldillo o su equivalente, llenándoles en cualquiera de los casos los bolsillos a quienes sólo tienen que enviarte un correo diciendo PAGA. El segundo correo te lo traen unos mozarrones uniformados.

 Dicen que se va a arreglar, pero todas esas casas siguen sin vender. Ya parece que se han relajado con los chinos. Ahora no tienen que devaluar el renmimbi. Al contrario. Los banqueros quieren ahora que lo revalúen, a ver si les compran las urbanizaciones desiertas sin vender. Además, a cambio tendrán que abrirles su mercado de una vez por todas. De momento, lo mejor que se les ha ocurrido es darle a la máquina de hacer billetes de papel. Es tan sencillo. Le das a un botón y salen verdes, naranjas, azules… Pero lo que se dice capacidad productiva, no se les ocurre nada, entre otras cosas porque los gobiernos títeres de las democracias burguesas no disponen ya de ningún poder frente al mercado. Se lo han dado todo, poco a poco, inexorablemente. Cada día nos enteramos de que una nueva multinacional se va del país. Seat, filial del grupo alemán Volkswagen acabará cerrando sus últimas factorías. Nissan-Renault lleva años recortando personal. Ahora EADS Airbus traslada la planta de Sevilla a Toulousse. Los voceros postfranquistas claman: ¡España se queda sin industria! ¡Pero si fueron ellos mismos los que las vendieron! ¿Es que Mc Donalds puede considerarse industria española por el hecho de poseer quinientos “restaurantes” y 4.000 trabajadores en este reino? ¡Se pueden llevar el chiringo cuando les salga del! Lo que están haciendo.

 Cabe preguntarse por las causas de estos súbitos vapores patrióticos manifestándose en individuos que se regocijaban hasta hace unos meses de vender buena parte del territorio nacional en forma de campos de golf. Que la banda que prefiere el uso del inglés al castellano en las escuelas de Valencia enarbole ahora la rojigualda, sale del ámbito de lo teatral para entrar en el psiquiátrico. Y es que para la burguesía, la patria empieza y termina en el bolsillo. Hasta los arrogantes gringos del imperio le están vendiendo su país a los árabes y a los chinos. De todas formas ya no vale nada, deben decirse con la satisfacción del comerciante fulero.

 Pero lo peor es que, por mucho que se apriete el acelerador de la propaganda, las masas no terminan de acostumbrarse al bocata de choped una vez que se ha probado el jamón ibérico. No es que vaya a haber una revolución. Por favor, con los sindicatos a sueldo y la de policía que se ha adiestrado… Sin embargo, los trabajadores podrían perder el entusiasmo consumista y, ay, eso sí dolería. Nada de perfume caro. Nada de nueva ropa a la moda por temporada. Nada de tapeo ni de coche nuevo. Nada de viaje a Marraquesh. ¡De ninguna manera! ¡Es necesario estimular el consumo!

 Asistimos pues al nacimiento de un nuevo populismo. Se aprueban medidas económicas en favor de los parados, de los hipotecados, de los inquilinos en alquiler. Incluso se rumorea que se va a aprobar la tan deseada renta básica. No se sorprendan si ésta constituye la principal baza electoral de Zapatero III para las próximas elecciones. El postfranquismo está espantado. En vez de terminar de una vez por todas con el seguro de paro, la sanidad y la educación públicas, de aprovechar la debacle para hacer nuevos negocios, según la teoría del shock, se profundiza en el pérfido e ineficiente asistencialismo. Para engatusar a las masas, no les queda otra cosa que atizar el terror, el odio, enarbolar sus espantajos de siempre. Pero su impotencia manifiesta y la fractura que se experimenta en sus propias filas son indicios de que estos recursos no están resultando de la manera apetecida. En cualquier caso, ahora, en los mítines, te puedes comer una paella y ponerte hasta el culo de cerveza, todo gratis. Estamos mejor que queremos.

 En cuanto a las medidas populistas de los social-capitalistas, cabe preguntarse: ¿Por qué lo hacen ahora? ¿Es que son más pertinentes estas medidas ahora que el déficit se acrecienta, ahora el Producto Interior Bruto se hunde, ahora que el paro llega a los cuatro millones de personas? Hubiera sido mucho más barato llevarlas a cabo antes, cuando había dinero. ¿No será que tienen miedo de que se les vaya el negocio de las manos? ¿Cómo es la jugada? Déjenme adivinar: Se expulsa a la mano de obra neocolonial, se revaloriza el trabajo, se relanza el consumo, y una vez puesta en marcha la locomotora, se abren otra vez las fronteras para que el trabajo valga la mitad. Tiene sentido.

 El actual estado de las cosas apunta a que las condiciones de vida de los trabajadores españoles seguirán bajando, a la vez que aumenta la precariedad y la violencia social. El liberalismo capitalista prohíbe el establecimiento de barreras arancelarias, así como las medidas proteccionistas nacionales. Los gobiernos burgueses no son ya soberanos de nada, y su capacidad de maniobra se reduce a esperar a que el trabajo se abarate tanto que los chinos comiencen a exportar capital y a reindustrializar occidente, invirtiendo los flujos económicos actuales, lo cual supondría el reconocimiento por parte de las élites patricias de una ineluctable hegemonía asiática. Pero lo más probable es que intenten apropiarse del enorme botín que éstos han acumulado durante dos décadas y que se resisten a hacer salir. Estamos ya viendo cómo se pone cerco a China a través del Medio Oriente y del Sureste Asiático.

 En esta guerra están embarcadas sin excepción todas las familias oligárquicas de la economía capitalista globalizada, con el objetivo de ejercer tanta presión sobre China que ésta se vea obligada a abrir su mercado a las fieras en traje de Armani. El odio de clase burgués, hace preferible una hecatombe mundial a la repartición equitativa y la gestión planificada y coordinada de los recursos. Este ha sido el modus operandi de los capitalistas desde los tiempos de las compañías coloniales y nada indica que vaya a cambiar. Y no va a cambiar porque no puede cambiar. Su riqueza ha sido creada gracias a la explotación del trabajo esclavo. Por supuesto que en la caída van a intentar que el proletariado muera por ellos en el campo de batalla. Ya se ven los efectos de la represión sobre una contestación interna que es preciso acallar antes de acometer la campaña imperialista externa. Los trabajadores llevamos seis mil años en crisis. Sus pirámides las hemos construido nosotros. El cataclismo de nuestros verdugos no puede más que alegrarnos. Su debacle es una fiesta para nosotros.

Alaska en Libertad Digital

Cuando me lo dijeron no me lo podía creer. Alaska, el icono de la movida y artista mayor del reino colabora en Libertad Digital. Era cierto. Desde enero del 2008, Alaska y su marido firmaron un contrato con Libertad Digital para insertar un blog en la página web de la compañía de Losantos. Desconectado de la actualidad del espectáculo, no me di cuenta de que desde hace años, Alaska se prodiga en entrevistas e intervenciones en medios que han hecho del insulto, la calumnia y el saboteje político su razón de ser. Debe de ser que en ciertos niveles de inserción en la industria hay que aparcar las convicciones y todo vale.

Aún así no me queda claro cómo se puede insertar un personaje como Alaska en un público tan rancio. Alguien que como ella ha hecho bandera de la causa LGTB y que se declara abiertamente antitaurina, pueda compartir ventana con ultras nacional-católicos, libertanianos seguidores de Hayek, ovacionada por los aprendices a Cesar Vidal, a Pio Moa y a Pérez Reverte de este Estado. Si bien es cierto que me había percatado de que el personaje le era agradable a la España nacional -quienes se sorprendían mucho de “lo bien que hablaba”- creía que un tango entre Rouco y Bibí Andersen era uno de los límites que marcaba mi imaginación.

Ignoro si la estrategia ha sido atraer al portal a un público despolitizado o descerebrado arrastrado por el magnetismo de la diva, si se trata de dar una pátina “progre”, esa palabra que tanto usan y que tanto detestan, a la imagen de la compañía o si el asunto no va más allá de añadir contenido al sitio como se hace con la Liga BBVA. Los anunciantes no conocen de ideología sino de números, de visitas y de audiencia. Y si diez mil personas como yo han entrado en este dudoso portal para corroborar la increíble información, Federico ha ganado no menos de 50.000 visitas.

Lo cierto es que Alaska ha hecho una apuesta muy fuerte con Libertad Digital y no parece que haya repercutido negativamente en su imagen. La operación se vende como una nueva puerta para la visibilidad homosexual y la consiguiente aceptación del colectivo. Lo cual puede tener sentido para Alaska, Bibí Andersen o Mario Vaquerizo. Es decir, si eres rico y famoso podrás ser aceptado por los de tu clase. Mientras no lo seas, seguirás en la marginalidad, la invisibilidad y la inexistencia social. Porque dentro del espectáculo, también se aplican los mecanismos de clase.

Mucha gente piensa que la modernidad o la libertad son una cuestión de actitud, de desparpajo, de afirmación de la individualidad, con el objetivo de destacar de la masa gris para convertirse en alguien “especial”. Necesitamos ad-mirar (mirar a) y ser admirados para considerarnos “plenamente realizados”, para existir. La misma Alaska  reconoce en la entrevista anunciadora de su contrato con Losantos, su carácter sociópata. Esta actitud, que pasa entre la gente  “de izquierdas” completamente desapercibida, presupone que el terreno artístico es un limbo al margen de la lucha política y de la ideología. La máscara sería en sí fundamentalmente inocua, no un instrumento más por el que se vehiculan ciertas ideas. La cultura equivaldría al espectáculo, y éste no sería más que divertimento, evasión, pasatiempo.

El Rock ha sido un ejemplo de contestación perfectamente integrada por el sistema. Y éste es uno de los factores que contribuyó a la desintegración social del comunismo real. “No lo aplastes, hazlo partícipe”, pareció ser el lema de la inteligencia capitalista. Así, se difundió la idea de la libertad occidental frente al muermo soviético. Se trata de una impostura más que la propaganda capitalista ha logrado convertir en verdad. Nos intentaron VENDER que el capitalismo era rock and roll y que el rock sólo pudo aparecer bajo el capitalismo. Y en cierta manera tenían razón ya que el rock nace cuando blancos norteamericanos empiezan a cantar y a versionear música hecha por negros, siendo difundidos al principio tímidamente en las ondas. El mismo Elvis Prestley fue un plagiador en serie. Pero era lo habitual. Los ejemplos de robo, desposesión, contrato abusivo y explotación intensiva de la música negra por los blancos anglosajones son tan abundantes que sólo basta escarbar un poco para documentarse. Hoy, muchos de los que empezaron en este mundo difícil donde muchas veces se pasaba hambre, son ricos millonarios que, al igual que algunos actores, se codean con financieros, políticos y aristócratas. De hecho, algunos son aristócratas, como Sir Mick Jagger, Sir Paul McCartney, Sir Elton John, etc. Es extraño que a Manolo Escobar, con todo lo que ha hecho por la España franquista, no se le haya hecho marqués.

Van Morrison habla en su disco “Too long in exile” (demasiado tiempo en el exilio) de las presiones a las que tuvo que hacer frente al querer introducirse en la escena neoyorkina, desistiendo en su empeño  por este motivo. Que la música en la sociedad capitalista es un juego sucio que se parece mucho a la prostitución ya lo sabíamos. Chantajes, extorsiones, explotación sexual, drogas. Hay un enorme negocio montado mediante el circuito de promocionar a niños, improvisar grupos de mentira o a viejas glorias caducas, difundirlo de forma intensiva a la manera Goebbels por las ondas, convencerte de que te gusta el detrito sonoro que oyes y vendérselo luego a los supermercados, las cafeterías y todo quisqui porque sus agentes comerciales les convencen de que eso es lo que se lleva, lo que gusta y que o lo pinchas o estás fuera. Y que no te pillen tocando o pinchando en una fiesta uno de esos temas protegidos. Puedes ir a la cárcel.

Me quedo con la imagen de Alaska, hija de un republicano exiliado en México, reconociendo ante Federico que “la República perdió la guerra” y tachando a su padre como hombre brutal y estricto frente a la dulzura de su madre apolítica. Y es que, antes de que te acepten en sus clubes, los plebeyos deben hacer acto de sumisión frente a los magnates patricios. No en vano, Olvido, es el verdadero nombre de la diva.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s