Los Rectores, una distopía murciana

Entre las zonas que, de manera abrupta, el estallido de la burbuja especulativa inmobiliaria abandonó a su suerte en la Ciudad de Murcia, destaca la de Los Rectores, situada junto a la pedanía de El Puntal, y dependiente administrativamente de ella.

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Los Rectores fue un intento, hoy vemos que voluntarista y desproporcionado, por dar “coherencia urbanística” al triángulo situado entre el norte de Espinardo, el Campus de la Universidad de Murcia, el Polígono Industrial “El Tiro” y el Cementerio Municipal de Nuestro Padre Jesús.

El eje vertebrador de tamaño desarrollo urbanístico había de ser el Centro Comercial El Tiro, propiedad de El Corte Inglés. El gigantesco emporio quería su trocito de pastel de un plan urbanístico grandioso que pretendió triplicar la superficie urbanizada de Murcia en escasos 10 años. La ciudad sería rodeada con estratégica equidistancia por seis grandes centros comerciales: Infante, Atalayas, Nueva Condomina, Thader, La Noria y El Tiro.

Sin embargo, como resultado de aquel proceso, nos encontramos con una zona donde el área construida alterna con grandes espacios vacíos donde se yuxtaponen áreas habitacionales, comerciales, recreativas e industriales; donde no ha conseguido fraguarse el núcleo de una articulación social y que es hoy por hoy prueba fehaciente del fracaso de un modelo del que no parece haber culpables ni responsables.

– Era una buena oportunidad. Nos prometían de todo y los dúplex se los quitaba la gente de las manos a los promotores. Al lado de un centro comercial, con acceso directo a las autopistas, zonas verdes, un parque temático, tranvía, al lado de la Universidad. Sobre el papel era un lugar de ensueño.

Me temo que yo veo las cosas de otra manera. Al norte, un centro comercial vacío que es mantenido artificialmente abierto no se sabe hasta cuando, ejerce de fortaleza vigilante de todo el complejo. Pegado a fábricas, almacenes y la mayor autopista de la ciudad, el centro fue planteado arquitectónicamente como una fortaleza vigilante de sus consumidores vasallos. Los promotores urbanísticos quisieron asegurar a los inversionistas que los centros comerciales de nuevo cuño serían rentables rodeándolos de viviendas que, se pensaba, realizarían sus compras en los mismos. Sin embargo, la paralización del crédito, la enorme deuda bancaria y el estancamiento económico ha provocado que muchos de esos pisos y dúplex permanezcan a día de hoy vacíos, ocupados los que los están por una población sin capacidad de ahorro ni de consumo.

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Al este, junto con una terrorífica planta de generación eléctrica, la vieja fábrica de Estrella de Levante, emblemática institución murciana, jalona el límite de la zona de actuación especulativa. Al oeste, la Universidad de Murcia y el parque temático Terra Natura suponen también un límite. Hacia el sur, las supuestas áreas verdes se extienden hasta los confines de Espinardo, configurando una tierra de nadie abandonada donde las instalaciones recreativas y juegos para la infancia se encuentran en estado de ruina, abandonados y rodeados de maleza.

– Mira éste. Tampoco te pases que a ver si nos vas a desvalorizar la propiedad más de lo que está. Hace falta que el ayuntamiento se ocupe de nosotros e invierta aquí. Pero esta urbanización podría estar muy bien. Ya quisieran vivir aquí muchos. A ver dónde vives tú, guapo.

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Siento contradecirle, pero Los Rectores no es un sitio especial. Corresponde a un modelo que se repite a lo largo y ancho de la geografía urbana de este reino. Quítele el nombre y podría estar usted en el extrarradio de Zaragoza, Alcorcón o Sevilla. Se ha creado un paisaje suburbano que muy probablemente va a resultar inacabado y donde sus habitantes se van a ver aislados no sólo de los núcleos urbanos principales por donde la vida sí fluye, sino también entre ellos. Porque si algo destilan estas zonas es aislamiento, soledad, desconfianza. Producto de una acumulación de capital sin precedentes, no hay que mirar a estos “nuevos barrios” como lugares comunes, centros de la vida pública, esencia del concepto de ciudadanía, sino como productos de emporios empresariales que efectivamente los “poseen”. En fin, los poseían puesto que ahora los han abandonado y no saben cómo quitárselos de encima. Queda pues una realidad fragmentada y en ruinas, que a veces recuerda más las consecuencias de una guerra que una acción planificada y diseñada meticulosamente desde el poder.

Según el Profesor Manuel Delgado, a diferencia de lo que sucede con la ciudad, lo urbano no es un espacio que pueda ser morado. La ciudad tiene habitantes, lo urbano no. Es más, en muchos sentidos, lo urbano se desarrolla en espacios deshabitados e incluso inhabitables.

Por su parte Ferdinand Tönnies, distinguió entre Gemeinschaft y Gesellschaft, que trasladan al contraste, planteado por Robert Redfield, entre sociedad folk ysociedad urbana. La Gemeinschaft o sociedad folk sería esa sociedad imaginada como natural, que se caracteriza por el papel central que en ella juega el parentesco y la vecindad, cuyos miembros se conocen y confían mutuamente entre sí, comparten vida cotidiana y trabajo y desarrollan su actividad teniendo como fondo un paisaje al que aman. Esa convivialidad contrasta frontalmente con la propia de la Gesellschaft o sociedad urbana, un tipo de sociedad fundada en relaciones impersonales entre desconocidos, vínculos independientes, relaciones contractuales, sistema de sanciones seculares, etc.

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En algún lugar debe de almacenarse la documentación relativa a la licitación, la historia, la propiedad original de estos terrenos. Esa información no está disponible al publico, no existe. En Internet solo encontramos precios de solares, ofertas de compra-venta. Y es que uno de los vectores de estas operaciones es precisamente Internet. Son grandes solares de la historia, convenientemente ocultos a la luz. De todas formas, ¿a quien puede interesarle saber? Los resultados de internet son islas, en un océano de silencio, leves apeaderos en un Rub al Jali, el lugar vacío, el gran desierto de Arabia. Solo nos queda pues lo que vemos, oímos, tocamos, para juzgar. Y lo que queda es espantoso.

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El área poblacional de los rectores presenta trazos que recuerdan a las viviendas de la Inglaterra industrial, donde los obreros de las fábricas se hacinaban en viviendas proporcionadas por los patrones. Evolución natural de aquel modelo, las viviendas “adosadas” ganaron en espacio y comodidad, reduciéndose la densidad habitacional pero disminuyendo de manera proporcional el contacto humano. Sólo el uso masivo del automóvil y los hidrocarburos ha hecho posible este modelo, que probablemente desaparezca con el fin del petróleo, volviéndose hacia modelos de densidad aumentada y quedando por lo tanto extensas zonas abandonadas y desiertas, convertidas en limbos fantasmagóricos. Mientras allí había aglomeración, promiscuidad, agobio, aquí hay vacío, incomunicación, segmentación y páramo. También hay diferencia en cuanto a la función del poder. Allí, mal que bien, la vivienda se le daba al obrero. Aquí, es el obrero, que no se llama tal, quien trabajará toda su vida para adquirir los derechos sobre la vivienda que ocupa y no posee.

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Utopía significa etimológicamente “un buen lugar”. Una distopía es por lo tanto, “un mal lugar” para vivir. Y morir… Se atribuye la primera utilización del término “distopía” que existe documentada a John Stuart Mill, en un discurso de una intervención parlamentaria en 1868. Si bien el término distopía estuvo relegado del Diccionario de la Real Academia Españolaserá añadido debido a uno de sus académicos quién describe la distopía como:

«(…) representación imaginaria de una sociedad futura con características negativas que son las causantes de alienación moral».

Recordemos que el concepto griego de ciudadanía correspondía tan solo a los hombres libres, aquellos productivamente independientes. Según Aristóteles, “ser ciudadano” significaba ser titular de un poder público no limitado, permanente: ciudadano es aquel que participa de manera estable en el poder de decisión colectiva, en el poder político. Mientras que a quién se le llama ciudadano es a todo aquel individuo que sea capaz de ser tal. Las mujeres no podían ser en ningún caso “ciudadanas”. Ser ciudadano implicaría por lo tanto una capacidad de decisión real en los asuntos públicos, así como una autonomía productiva real. Nada de esto se cumple evidentemente en los nuevos modelos urbanísticos. A pesar del triunfo de la ideología burguesa relativa a la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano, de la Revolución Francesa, lo cierto es que el ciudadano ha sido transformado en “consumidor” y en “producto”, con el que grandes conglomerados económicos especulan y desplazan como simples mercancías.

La urbanización de Los Rectores es un resultado de dicho modelo político y económico, modelo que en la actualidad se encuentra en estado de bancarrota.

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Pasear por sus calles y espacios produce una sensación mineral, donde se mezclan volúmenes de ladrillo y torres eléctricas que invitan a marcharse rápidamente del lugar , como si allí hubiésemos llegado por un error que no acabamos comprender. Ni un banco en sus calles, ni una fuente, puertas cerradas. La alegría de la vegetación no es bienvenida y sólo la presencia masiva del centro comercial indica a sus habitantes que se encuentran en “algún lugar”, que el poder no les ha abandonado del todo. Y de lejos, el rumor de un río incesante de motores que actúa como una muralla infranqueable y peligrosa.

Las instalaciones artísticas de vanguardia hacen la función de una broma de mal gusto, de un falso prestigio producto del engaño. Guinda de un mundo incomprensible y sufriente que no sabe de su propio dolor.

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4 Respuestas a “Los Rectores, una distopía murciana

  1. En 1988 mis padres compraron una parcela en la urbanización Agridulce donde unos pocos años después construyeron una casa a la que nos mudamos. Y ya entonces la cercana urbanización Los Rectores existía y estaba profusamente habitada. De hecho yo mismo estuve viviendo allí de alquiler en el año 2000. Los planes para el centro comercial son MUY posteriores, por tanto, al plan parcial por el que se edificó dicha urbanización, de hecho El Corte Inglés abrió las puertas de su establecimiento de El Tiro en 2009, en plenos momentos álgidos de la crisis. Es decir, que toda la argumentación de su texto, que sin duda es acertada para otros desarrollos urbanísticos, en este caso es completamente errónea por una mera cuestión cronológica. Estamos hablando de CASI DOS DÉCADAS entre que se planifica Los Rectores y se pone en marcha un centro comercial que no estaba ni imaginado a mediados de los 90, de modo que es materialmente imposible establecer una relación causa efecto entre Los Rectores y la planificación urbanística que tampoco acierta a ubicar en este caso concreto puesto que colindante a Los Rectores nunca ha habido reserva de terreno urbanizable que pudiera servir, como defiende, de sustento cautivo a un centro comercial ubicado (esa es otra) pésimamente, en medio de una zona industrial en activo. Acierta en la desoladora sensación que acude al ocasional visitante de Los Rectores, pero las culpas sobre esa dejadez no hay que buscarlas en el reciente modelo inmobiliario-administrativo generador de la última burbuja inmobiliaria cuyas consecuencias aún arrastramos sino en que se trata de un barrio-isla con una ubicación poco afortunada y dependiente de una pedanía que tampoco parece tenerlo muy en cuenta.

  2. Te agradezco tu comentario. Efectivamente, parece que hay serias lagunas en la línea temporal. Creo sin embargo que poco importa si el centro comercial fue construido antes o después de la urbanización. En cualquier caso corresponde a un modelo urbanístico que ahí está y no me he inventado yo. Además, la misma configuración de la urbanización puede comprobarse a vista de pájaro. Una parrilla de ladrillo marrón muerta y sin árboles, con cientos de dúplex idénticos en serie. La similitud con el modelo serial industrial inglés me parece evidente. Saludos

    • Te doy la razón en esa apariencia de suburbio obrero irlandés que presenta Los Rectores, pero al anteceder en casi dos décadas al proyecto de centro de ocio el resto del planteamiento queda fuera de lugar. El ejemplo no sirve porque no puedes exponer algo hecho en los años ochenta como consecuencia de los errores de la planificación de finales de los 90.

      Por otra parte la dejadez en el mantenimiento o el ornamento irían por otro lado.

      Te doy tb la razón en lo que mencionas de los dos bloques aislados más allá de la Nueva Condomina, AHÍ SÍ que se ajusta certramente a lo que intentabas explicar poniendo como ejemplo Los Rectores, porque esos dos edificios (por cierto, con unas vistas absolutamente espectaculares) sí son ejemplo de planificación completamente desequilibrada y absolutamente dependiente del éxito no del modelo de centro comercial como núcleo vertebrador cual nueva ágora (de hecho Nueva Condomina es un buen ejemplo de éxito comercial y de público en ese sentido) sino que lo que ha fallado es la otra pata de este modelo concreto: la deportiva.

      Una parte esencial para el éxito de la planificación URBANÍSTICA, que no comercial, de esa zona, era tener un equipo de fútbol en Primera División con todo lo que ello supone, cosa que nunca ha sucedido.

      Si a la pésima e incomprensible gestión deportiva sele suma el estallido de la burbuja inmobiliaria se produce una tormenta perfecta que, como mal menor, ha dejado toda una zona desértica en torno a esos dos citados bloques y el estadio, pero al menos no ha dejado un cementerio de estructuras urbanísticas a medio construir como en otras urbanizaciones o,como sí sucede en las que han surgido en el Campo de Cartagena en torno a los campos de golf, un reguero de edificios terminados y adquiridos en su momento por quienes hace años han desaparecido de allí, siendo ahora pasto de las ejecuciones hipotecarias.

      El modelo efectivamente es un desastre de planificación pero solo pq se pinchó la burbuja. El problema es dónde estaríamos ahora si la burbuja no llega a pincharse.

      Saludos.

  3. Por otra parte, te invito a que releas los pasajes en los que hablo de la correspondencia del modelo económico de consumismo de masas y su correspondencia en la planificación urbanística. Como ejemplo similar se pueden ver las tétricas torres construídas junto al Estadio Nueva Condomina y que formaban igualmente parte de la lógica económica de los centros comerciales. Son consecuencia de ellos. No son barrios-isla poco afortunados.

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